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Que es Profesión?

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El concepto de profesión ha estado unido al desarrollo de la sociedad; por eso es difícil poseer una definición única, ya que existe una frontera difusa entre lo que es una ocupación y una profesión.

La palabra profesión proviene del latín professio-onis, que significa acción y efecto de profesar.
El uso común del concepto tiene diferentes acepciones, entre ellas: empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente. Las profesiones son ocupaciones que requieren de un conocimiento especializado, una capacitación educativa de alto nivel, control sobre el contenido del trabajo, organización propia, autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas.

Generalmente se acepta que una profesión es una actividad especializada del trabajo dentro de la sociedad, y a la persona que la realiza se le denomina: profesional. Se refiere a menudo específicamente a una facultad, o capacidad adquirida tras un aprendizaje que puede estar relacionado a los campos que requieren estudios de:

1._ Formación Profesional donde se adquieren los conocimientos especializados respectivos para ejercer una ocupación u oficio; o a
2._ Estudios universitarios, Posgrado o licenciatura, tales como la psicología, derecho, medicina, enfermería, arquitectura, contaduría o la ingeniería.

Se refiere, generalmente, a la naturaleza de la ocupación, del empleo y a la forma de ejercerlo que tiene esa persona. La profesión aborda el desempeño de la práctica y la disciplina se preocupa del desarrollo del conocimiento enriqueciendo la profesión desde su esencia, y profundizando el sustento teórico de la práctica.

Profesional: Es toda aquella persona que puede brindar un servicio o elaborar un bien, garantizando el resultado con calidad determinada. Puede ser una persona con un título universitario o técnico para el caso de las disciplinas de la ciencia y las artes, puede ser un técnico en cualquiera de los campos de aplicación de la tecnología, o puede ser una persona con un oficio determinado.
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Kupanakui - Masajista Peruano de la Cultura Mochica
MASAJE Y PROFESION

Para poder entender lo que significa masaje, considero lo más importante centrarnos en su definición, dado que nos puede aclarar bastantes dudas.
Masaje significa “una forma especial de tratamiento físico que consiste en un conjunto de movimientos de diverso género e intensidad, practicados sobre una región corporal”
Aunque basándonos en lo anterior, son diversas las técnicas que se pueden emplear para realizar un masaje, todas ellas teniendo muchos puntos en común. También son muchas las técnicas que en los últimos años se han creado y que han dado nombre a todo lo que conocemos como medicina natural o alternativa.
Efectos fisiológicos
Son muchos los efectos beneficiosos que se pueden atribuir al masaje, contrariamente a la creencia de los profanos en dicha materia que consideran que el masaje solo actúa a nivel muscular.
Cuando aplicamos masaje sobre una región corporal, siempre lo hacemos buscando una respuesta beneficiosa por parte del organismo, en definitiva el masaje es la forma de provocar una reacción sobre el cuerpo para que este provoque una respuesta que de origen a un efecto terapéutico.
Sobre la piel
Como el masaje se aplica sobre la piel, es sobre esta donde tiene una primera repercusión, sobre la piel conseguimos una mejor irrigación sanguínea que favorece la eliminación de células muertas (peeling) consiguiendo una mejor regeneración epitelial.
El masaje sobre la piel puede conseguir anestesiar una zona cutánea dolorosa haciendo desaparecer la percepción de un dolor. También provoca una vaso dilatación que hace que las glándulas dérmicas tengan un mejor funcionamiento, todo ello conlleva una mejor elasticidad del tejido conectivo y cutáneo.
Sobre el tejido celular subcutáneo
A este nivel tiene influencia sobre la circulación tanto sanguínea como linfática, consiguiendo un mejor absorción sobre edemas, exudados y equimosis además de la movilización que hace del tejido graso. En definitiva estaríamos hablando de que el masaje consigue un efecto drenante sobre el organismo, que puede acentuarse utilizando técnicas de masaje de tipo circulatorio como seria el DLM y el drenaje Hemolinfático y demás técnicas de derivación circulatoria.
El tejido muscular
Este es uno de los apartados sobre los que de forma más extensa podríamos decir que actúa el masaje. Es en este tema donde el masaje tiene una ambivalencia, consiguiendo un aumento de la tonicidad y contractibilidad del tejido muscular estimulando su trofismo y desarrollo, aumentando la circulación sanguínea que aporta nutrientes al músculo, como el hecho de conseguir una relajación y mayor elasticidad de las fibras, haciendo que el músculo pueda cumplir de mejor manera su actividad de órgano contráctil.
Tendones, ligamentos y articulaciones
Sobre todas estas estructuras, el masaje actúa básicamente de forma indirecta, debido a que todas ellas están estrechamente ligadas a la acción muscular, de esta forma entendemos que si el músculo realiza de forma correcta su acción, los tendones ligamentos y articulaciones verán mejorada toda su función habitual, sin olvidar que existen técnica especificas de masaje y manipulativas que consiguen también mejorar estas estructuras Ej. ( Masaje Cyriax, Quiropráctica y Osteopatía)
Nervios motores
El masaje, teniendo en cuenta sus acciones sobre la piel y músculos, entenderemos porque tiene una acción beneficiosa sobre los nervios motores y sensitivos.
En los nervios motores, el masaje, agiliza la transmisión de ordenes a las placas motoras de los músculos, mientras que en los nervios sensitivos, disminuye la sensibilidad. También es cierto que el masaje realizado sobre determinadas zonas corporales, como por ejemplo el abdomen, estimula la contractibilidad peristáltica gástrica e intestinal, mejorando funciones digestivas.
En definitiva hemos visto que el masaje tiene una acción de la piel al hueso y que dependiendo de la presión con la que hagamos el masaje observaremos diversos efectos, es una breve introducción a un gran tema del que todos los masajistas tenemos que ser participes y demostrar que lo que hacemos no son solamente caricias.
De Profesión, Terapeuta Manual / Fisico-terapeuta
Si la Terapia Manual fuera una, o por decirlo de otra manera, formara un tronco único, aunque con múltiples y variadas técnicas, comprobaríamos cómo el establecer distinciones y separaciones entre los diferentes profesionales de la Terapia Manual, el llamarse o denominarse profesionalmente de una forma u otra, no serviría más que para establecer barreras y limitaciones a la hora de tratar y de trabajar con los pacientes.
UNA DENOMINACION PROFESIONAL COMÚN, ÚNICA, haría una identificación y conocimiento más claros, más concretos de nuestra profesión, de nosotros como profesionales y de nuestras posibilidades en el campo de la salud, a nivel de la gente de la calle que pudiera necesitar nuestros servicios.
Un terapeuta manual sería un profesional, un técnico, que realizaría exclusivamente tratamientos de Terapia Manual, con técnicas manuales y manipulativas solamente.
Sería un técnico conocedor y practicante de las terapias manuales, preparado, cualificado y responsable para decidir cual sería la mejor o mejores técnicas, las más adecuadas, las que habría que aplicar en un determinado momento y en cualquier fase o etapa del tratamiento.
Personalmente, me considero un técnico en Terapia Manual/ Terapeuta - Físico, un profesional terapeuta manual en un constante proceso de estudio y aprendizaje en este campo, el cual espero y deseo que dure hasta el último de mis días sobre la tierra.
La idea de tener, por ejemplo, un terapeuta manual del brazo sólo, o de una pierna sólo, o de la zona cervical o zona dorsal o zona lumbar sólo, o de la rodilla sólo, tratando una de estas zonas exclusivamente y sin tocar ninguna otra, puede parecer un poco absurda, además de limitativa y de mostrar la ignorancia de¡ funcionamiento de la estructura corporal por parte del profesional terapeuta manual y más cuando se comprende que el mejor resultado, las mayores posibilidades de éxito en un tratamiento se consigue tratando con las técnicas más adecuadas, la totalidad de la estructura, como explicaré más adelante. La totalidad de la estructura, no por partes y sea cual sea el problema, lesión, alteración o dolor a tratar. Ya que el dolor, desequilibrio o lesión en una zona concreta y determinada altera y repercute en mayor o menor medida en toda la estructura, en su totalidad, en la globalidad.
Esta visión de totalidad y globalidad del funcionamiento de la estructura corporal, creo que es el gran reto que tenemos como profesionales, como técnicos, además de ser fundamental para la formación académica, de estudios y para el desempeño de la labor, del trabajo diario de un profesional de la Terapia Manual, tanto actualmente, es decir, hoy en día, como en un futuro.
También es absurda la idea de limitarse siempre a la utilización de una o de unas pocas técnicas sólo para un tratamiento de Terapia Manual, negándose a utilizar otras o negándose a estudiar y aprender otras técnicas. Si tenemos clara la idea de que las técnicas constituyen nuestras «herramientas» de trabajo, es lógico pensar que es mejor disponer de muchas técnicas, de la mayor cantidad de tales «herramientas» para resolver un problema que solamente disponer de unas pocas.
Y más absurdo seria en tal caso llamarse con un determinado nombre o etiqueta profesional con el intento de separarse o aislarse de otros compañeros, Aislarse sólo teóricamente o filosóficamente, ya que de hecho es muy difícil aislar o separar totalmente los efectos benéficos y terapéuticos que producen en el organismo la aplicación, en un tratamiento, de las diferentes técnicas manuales y manipulativas.
Aunque sí sea cierto que cada terapia manual en concreto, en particular o mejor dicho, cada técnica dentro de la terapia Manual, puede insistir más en provocar uno de estos efectos, pero sin dejar de producir, aunque sea en menor cantidad, los demás efectos y que dicho sea de paso, SIEMPRE SON LOS MISMOS.
Vamos a partir de la base de que la gente de la calle y los profesionales de la salud, no saben quién es y lo qué hace un profesional terapeuta manual, lo ignoran casi totalmente y no conocen las posibilidades de los tratamientos manuales.
Es importante que se tenga clara la idea de que un profesional terapeuta manual, sea masajista, quiromasajista, quiroterapeuta, masoterapeuta, espinólogo, reflexologo, quiropráctico, osteópata, etc., no tiene por qué ser médico, de hecho, la mayoría de terapeutas manuales no somos médicos, pero tampoco somos curanderos, ni podemos ser considerados como tales. Somos simplemente técnicos. Técnicos conocedores de las posibilidades y limitaciones de las técnicas manuales y manipulativas que empleamos. No poseemos ningún tipo de fuerza, ni don, ni poder, ni energía especial en las manos. No estamos dotados de ningún tipo de don o cualidad extraterrestre o sobrenatural. No aportaremos un remedio milagroso o energía extraña a nuestros pacientes.
Un terapeuta manual es una persona, un profesional de la salud, que aplica directamente con sus manos sobre diferentes partes de la estructura externa del cuerpo, que normalmente son piel, zonas musculares y zonas articulares, unas técnicas que ha aprendido a través del estudio y la práctica y que debe mejorar constantemente también con el estudio y la práctica.
La aplicación de estas técnicas manuales requiere casi siempre un trabajo y esfuerzo físico considerable, pesado, a veces realmente agotador y una atención y dedicación exclusiva durante un determinado tiempo, que creo que nunca tendría que ser inferior a veinte minutos, a la persona que se tiene delante. Es pesado, puede ser agotador, pero es hermoso a la vez. Es un trabajo que requiere una buena dosis de amor a esta profesión. Es un trabajo que exige una cantidad importante de vocación.
Un terapeuta manual tiene que ser un profesional de la salud con conocimientos y preparado en todos los campos que abarca la terapéutica manual, es decir, el curar, aliviar, mejorar, equilibrar sólo con las manos o con las técnicas que sólo utilizan las manos.
En la formación de un terapeuta manual tendría que darse prioridad a una toma de sensibilización de las manos: que las manos se conviertan en ojos, oídos, olfato, corazón, cerebro, etc. Que las manos casi puedan hablar, dialogar con esta estructura del paciente. Puesto que en el fondo, se trata de una comunicación.
En este sentido, quiero comentar dentro de este apartado o capítulo -no sé bien como llamarlo- que he titulado «terapeuta manual», un par de cosas.
PRIMERA. Hay personas que se quieren dedicar, o empiezan a dedicarse a esta profesión pensando que esto es una gloria, que es fácil, que cuesta poco trabajo, que es cómodo, que bastan cuatro cosas mal aprendidas para empezar a trabajar y tratar a pacientes, para empezar a ganar dinero, para arreglar todos los problemas, alteraciones, desequilibraos y dolores que presentan los pacientes, o que a tales pacientes se les podrá exigir un largo tratamiento a base de visitas y visitas sin conseguir ningún resultado y todo bajo el pretexto de que ya se conseguirán y que el paciente debe tener paciencia.
Tengo que decirles a tales personas, un pequeño masaje para intentar aliviar un poco de dolor lo puede hacer y dar cualquier persona sin una preparación especial, incluso creo que es bueno que se haga. Pero un tratamiento de masaje, por ejemplo, o mejor, un tratamiento de Terapia Manual no lo puede hacer ni dar cualquier persona por muy buena intención que ponga en ello, ni por mucha fuerza que ponga en sus manos, ni por mucho que apriete y que ¡presione sobre la estructura de un paciente. Un tratamiento de Terapia Manual es otra cosa. Todo el mundo se puede comprar una aspirina, pongo por caso, y tomarla. Pero determinar las dosis y el medicamento adecuado en una determinada afección o alteración creo que nadie duda de que es otra cosa muy diferente.
Tengo que decirles también a tales personas que ni esto es una gloria, ni es fácil; que hay que trabajar mucho y que se van a dejar la piel en esto. Se ignora bastantes veces que ésta es una profesión bastante dura. Que hay que aprender constantemente, que nunca se deja de estudiar y que aún así los problemas y los dolores no se solucionan ni se arreglan fácilmente ni siempre. Y que por supuesto, si no se dispone de una buena base de conocimientos teóricos, técnicos y prácticos, a las personas que acuden a las consultas en busca de nuestros servicios no se las podrá engañar constantemente con palabrería rara, explicaciones seudo-técnicas y rimbombantes y con falta de resultados en los tratamientos. Un tratamiento de Terapia Manual, como cualquier otro tipo de tratamiento en Medicina y salud no es una cosa sencilla, es algo complejo, variante, cambiante y que depende de diversos factores y tiene que ofrecer resultados, efectos, soluciones. Aunque sean resultados y soluciones parciales.
Que estas personas, estos pacientes, nos dirán, con toda la razón del mundo, que «tú me cuentas y me explicas muchas cosas pero yo no mejoro de mi dolor, yo no me encuentro mejor.
En esta profesión, como en todas, hay que ofrecer resultados a las personas que acuden a ti y si no puedes o no sabes, decirlo claramente, que no es ninguna vergüenza ni deshonra.
Y que piensen que, encima de todo esto, y a pesar de que sean serios, estén bien preparados y sean eficaces en su trabajo, tendrán a otros profesionales de la salud dispuestos a negarles el pan y la sal, a dudar de su capacidad profesional e incluso a desacreditarles o dudar de su seriedad, sin ni tan siquiera haber conocido sus tratamientos o resultados de éstos, y sólo por el hecho de que no hemos estudiado en escuelas de enseñanza oficial, sean facultades de Medicina o escuelas de Fisioterapia. Por supuesto que hay excepciones. Pero estas excepciones que no opinan así, no son la mayoría, sino todo lo contrario. Y digo todo esto sin ningún rencor, sólo para advertir a estos compañeros o futuros compañeros que piensan así que creo que es mejor que no se dediquen a esto.
El tiempo y la experiencia en mi profesión me han enseñado y me enseñan, sobretodo a querer mi profesión, a conocer mejor mis límites y mis posibilidades en mis tratamientos. También a confiar en mí mismo, en mi capacidad como profesional de la salud. Y puedo asegurar que esto es una gran regalo.
SEGUNDA. Creo sinceramente que un error que han cometido diferentes compañeros terapeutas manuales ha sido el introducir en sus gabinetes y consultas una gran cantidad de aparatos y artilugios eléctricos, electrónicos, mecánicos, de ondas, de ultrasonidos, de infrarrojos, de láser, etc. Y creo que es un error por partida doble ya que, en primer lugar, con la inclusión de diversa y variada aparatología en las consultas -que por supuesto facilita el trabajo, lo hace más descansado y ayuda a ganar más dinero, cosa comprensible y razonable hasta cierto punto- se entra de lleno en un conflicto directo con una parte de profesionales médicos, sobre todo del área de traumatología, ortopedia, rehabilitación, etc., pero principalmente el mayor conflicto es con la totalidad de los profesionales fisioterapeutas, con los profesionales titulados en las Escuelas Oficiales de Fisioterapia. Estos profesionales, digan ellos lo que digan, no realizan en la práctica diaria la labor y el trabajo de un terapeuta manual en el campo de la salud, ya que su misión y labor es otra, parecida si se quiere, pero es otra, mucho más amplia que abarca grandes y diferentes aspectos y técnicas de lo que se pueden llamar terapias físicas de rehabilitación y recuperación funcional, pero que están realizadas de otra manera, o que pueden realizarse de diferentes maneras y con muy diferentes elementos.
Por ejemplo, un fisioterapeuta puede trabajar con grupos de pacientes, con varios pacientes a la vez, sean cinco o diez o los que sean. Puede dirigir, coordinar, orientar a tales pacientes sobre qué tienen que hacer o realizar. Y cómo hacerlo o realizarlo. Un fisioterapeuta, aparte de algunas técnicas manuales, utilizará en su trabajo diario con los pacientes, diferentes y variados tipos de máquinas, aparatos, instrumentos y artilugios mecánicos, eléctricos y electrónicos y también los hará utilizar a los pacientes, trabajando dichos pacientes de manera activa en sus tratamientos de recuperación la mayor parte del tiempo. Un fisioterapeuta actuará siempre bajo las órdenes directas del médico, con una total colaboración entre ambos, con un contacto muy directo a nivel profesional con este médico en todo momento y contando con su total apoyo. En Fisioterapia, los masajes, movilizaciones y manipulaciones son una herramienta más entre otras, y como tal, son usadas esporádicamente, no exclusivamente y no en todos los tratamientos.
Para nosotros los profesionales terapeutas manuales no formados en las escuelas oficiales de Fisioterapia, los masajes, movilizaciones, estiramientos, manipulaciones, etc. es decir, las técnicas manuales y manipulativas SON NUESTRA ÚNICA HERRAMIENTA, SON NUESTRA ÚNICA ESPECIALIDAD y tales técnicas manuales son usadas y utilizadas SIEMPRE en todo tratamiento que se realice y DE MANERA EXCLUSIVA. Nosotros tenemos obligatoriamente que trabajar en cada tratamiento con una sola persona, durante más o menos tiempo, pero en este tiempo debemos la exclusiva atención, concentración y dedicación al paciente que tenemos delante nuestro, siendo imposible el trabajar con más de una persona a la vez. Nosotros tenemos que realizar las técnicas y el tratamiento en y sobre el paciente. Sin que este paciente haga nada.
Nosotros tenemos que trabajar la gran mayoría de las veces aislada e independientemente, sin el apoyo ni la posibilidad de ayuda o colaboración por parte de un profesional médico. Y no porque esto no nos gustase ni lo aceptásemos, sino simple y llanamente, y se diga lo que se diga, porque no somos aceptados ni considerados como profesionales de la salud serios y responsables.
Pero también considero que les asiste mucha razón a los profesionales de la Fisioterapia cuando se quejan de intrusismo por parte de los terapeutas manuales que invaden su terreno profesional y laboral desde el momento en que nosotros, los terapeutas manuales, realizamos lo que tendría que ser un tratamiento exclusivamente manual sin utilizar las manos, sin técnicas manuales, utilizando en su lugar máquinas, aparatos mecánicos y artilugios eléctricos o electrónicos o cualquier cosa que sustituya a las manos.
No tendríamos que olvidar que algunos de estos aparatos tienen riesgos y peligros en su utilización si no se conocen bien sus características de funcionamiento y sus efectos secundarios a un corto, medio o largo plazo. Ciertos tipos de láser, ciertos tipos de corrientes continuas, ciertos aparatos de ultrasonidos y aparatos de corrientes electromagnéticas creo que son usados demasiado y demasiado a la ligera por algunos compañeros terapeutas manuales. Y además, nosotros no estamos para esto, no es nuestra función, nuestro trabajo no es éste. Si queremos trabajar así, estudiemos en las Escuelas de Fisioterapia.
Sé que lo que acabo de comentar no es del agrado de muchos compañeros de profesión. Pero no por dejar de ser agradable deja de ser cierto.
Repito, un fisioterapeuta formado en una escuela oficial no realiza la función de un terapeuta manual. Pero un profesional terapeuta manual no tendría que realizar todas las funciones que desempeñan los profesionales fisioterapeutas formados en escuelas oficiales.
La terapéutica exclusivamente manual es mucho más antigua que la actual Fisioterapia. Y muy compleja. Si para un terapeuta manual puede llevar media vida aprender la gran cantidad de técnicas y terapias exclusivamente manuales que existen desde tiempos remotos, le va a ser imposible el añadir a estos conocimientos los que va a necesitar para saber utilizar correcta y adecuadamente la gran cantidad de aparatos y máquinas existentes y los que aún están por crear e inventar y para el aprendizaje de los cuales va a necesitar la otra media vida. Quiero decir con todo esto que creo que la existencia de las dos profesiones, fisioterapeuta y terapeuta manual, puede ser posible y perfectamente compatible. El elegir una u otra tiene que ser una decisión personal. Pero las dos pueden coexistir y pueden compartir posibilidades y conocimientos en el tratamiento de los pacientes.
Por esto creo que es muy importante que los profesionales terapeutas manuales elaboremos planes de estudio para nuestra formación mucho más serios y complejos de los que se están realizando actualmente. Dejándonos de absurdas distinciones y separaciones que no nos llevarán a ningún lado.
Y el segundo error al que antes me refería, y sin ninguna duda el que veo de mayor importancia, el más grave, el más penoso y el más triste, es que cada vez más, son los propios terapeutas manuales, los profesionales de la Terapia Manual, los técnicos en terapias manuales, al utilizar poco las manos, o cada vez menos las manos en la realización de su trabajo, los que desconfían, no confían, no se creen o creen menos en las grandes posibilidades de sus tratamientos manuales si no se acompañan o son sustituidos total o parcialmente de aparatos y artilugios mecánicos y electrónicos. Lo he oído y escuchado muchas veces de muchos compañeros. La excusa que muchas veces se emplea para intentar justificar esto es decir y afirmar que los pacientes lo prefieren así y que si no ven máquinas y aparatos en la consulta no confían en nosotros. Creo que no es verdad. Creo que la excusa, aparte de hacernos depender tristemente de una máquina o artilugio cualquiera, simplemente trata de ocultar el desconocimiento de las grandes, grandiosas posibilidades que tienen nuestras manos, nuestra gran herramienta humana, simple y desnuda y las técnicas manuales que con ellas se aplican, para accionar los múltiples resortes de bienestar, de calma o alivio del dolor que tiene el propio cuerpo cuando se aplican estas técnicas de manos directamente sobre este cuerpo de la persona que sufre.
Además, y aunque parece un razonamiento fuera de toda lógica, tengo que decirles algo a estos compañeros de profesión que tienden a utilizar poco sus manos en los tratamientos y es que sinceramente, creo que unas MANOS que han sido utilizadas, usadas, empleadas, entrenadas durante largo tiempo en el estudio y práctica de las diferentes técnicas y terapias manuales y manipulativas, para su aplicación en tratamientos manuales de alivio y calma del dolor en diferentes partes del cuerpo, tales manos, como digo, se convierten, se transforman por sí mismas, sin necesitar nada de mágico ni de don venido del cielo, en una «herramienta», en un «instrumento» capaz de ver, de notar, de sentir, de intuir si se quiere, algunos de estos dolores y padecimientos de las personas y de las zonas donde ocurren tales padecimientos y dolores.
Y aún hay más, aunque sé que estoy pisando un terreno un poco resbaladizo. Tales manos con el paso del tiempo, también se vuelven capaces de transmitir, de dar un cierto grado de calma, de tranquilidad, de alivio a estos mismos dolores y padecimientos, y sin tener absolutamente ningún poder ni nada especial en ellas. Lo creo sinceramente y también creo que es por simple ley natural. O valdría mejor decir por simple capacitación y habilidad manual del profesional. Ya sea por la tranquilidad y calma con que actúa el propio técnico terapeuta manual, que cada día va conociendo más sus límites y posibilidades, ya sea la seguridad que le va dando la experiencia profesional, ya sea el respeto que te va mereciendo el dolor de la persona y la propia persona que sufre. Ya sean la habilidad, la capacidad de aplicar la técnica o técnicas precisas y necesarias en la zona o zonas precisas, concretas y en el momento y el orden adecuado y necesario. No lo sé. No sé explicarme mejor y lo lamento porque creo que es un punto importante y delicado que no podía pasar por alto en este librito. Es un sentimiento, una sensación que se te instala dentro con los años de trabajo y práctica y que te da una seguridad en el empleo y aplicación de las diferentes técnicas de las diferentes terapias manuales, sensación y sentimiento que por supuesto no te permite prescindir de dichas técnicas, no las hace inútiles o innecesarias, como puede parecer que doy a entender, ya que tal cosa seria absurda. Pero sí que te permite emplear dichas técnicas mejor, más adecuadamente, en el momento preciso y en el lugar y en el orden de aplicación más adecuado. Por descontado que no evita ni puede evitar el que te equivoques, el que cometas fallos y errores en tus tratamientos si no lo haces con esta atención y concentración que he mencionado unas líneas más arriba y si no sigues estudiando y ampliando tus conocimientos a nivel profesional.
NUESTRA PROFESIÓN ES UN CONTINUO Y CONSTANTE ENTRENAMIENTO Y SENSIBILIZACION DEL SENTIDO DEL TACTO, para utilizarlo en el alivio, calma, mejora y consuelo del dolor y de la enfermedad de la gente que sufre. Y esto no se consigue, no se puede conseguir utilizando máquinas y aparatos. Ni te permitirá ganar tanto dinero, por supuesto.
Y esto te da la convicción de que la Terapia Manual, sea del tipo que sea y tenga el nombre que tenga, siempre ha acompañado y acompañará al ser humano en su caminar por este mundo, en cualquier tiempo y civilización, siendo una auténtica pena el que no se la conozca mejor y no se la utilice más. Como he dicho anteriormente, es una terapia barata, blanda, natural, ecológica, compatible casi con cualquier otra terapia y con una real y efectiva relación paciente-terapeuta.
Es cuando llevas un cierto tiempo sufriendo y amando esta profesión que te das cuenta de lo absurdo que es el mantener y el establecer fronteras y barreras entre las «distintas» y «diferentes» terapias manuales y manipulativas existentes y entre los «distintos» y «diferentes» profesionales que las practicamos, ya que todas las técnicas buscan lo mismo y todos los profesionales que aplicamos tales técnicas también. Aparte de que tales técnicas consiguen lo mismo y lo hacen de la misma manera, aunque unas incidan en un aspecto más que en otro, cosas todas ellas que intentaré explicar más adelante.
Un profesional terapeuta manual bien preparado y con una formación suficiente y amplia, tendría que SER CAPAZ DE SER A LA VEZ masajista, quiromasajista, masoterapeuta, quiroterapeuta, reflexólogo, vertebro terapeuta, quiropráctico, osteópata, etc., en una misma persona. O en todo caso, TENER AMPLIOS Y PROFUNDOS CONOCIMIENTOS TEÓRICOS Y SOBRETODO PRÁCTICOS DE ESTAS DISCIPLINAS, DE ESTAS TERAPIAS MANUALES Y DE SUS TÉCNICAS, para poder utilizar la más adecuada en cada momento según convenga, es decir, según la necesidad, el paciente y el problema o dolor que presente dicho paciente. Debería saber utilizar, en un momento determinado, estos amplios conocimientos para adecuarlos a las personas que a él acuden en busca de mejoría, consuelo o alivio a sus dolores y sufrimientos.
Tendría que ser un profesional terapeuta manual lo más completo posible, conociendo perfectamente sus Posibilidades y por supuesto, sus riesgos y sus limitaciones.
También pienso que un conocimiento y una práctica común, como un bloque, como un gran todo de estas diversas disciplinas y terapias manuales es la gran oportunidad de definición de nuestra profesión y de nosotros como profesionales. Unos profesionales que intentamos, con el nombre o etiqueta profesional que sea, hacer de nuestro trabajo un medio de vida y un medio de eliminar, aliviar o hacer más soportable el dolor a las demás personas con la sola ayuda de nuestras manos.
Como profesional de la salud, aunque no soy médico, pero sí amante y defensor de mi profesión, propongo una TERAPIA MANUAL LIBRE Y ABIERTA, sin trabas ni barreras de tipo teórico, filosófico o de concepto ya que éstos han variado a lo largo del tiempo y seguramente seguirán variando. Pero también UNA TERAPIA MANUAL SERIA Y RESPONSABLE, que pueda hacer oír su voz en el campo de la salud, del alivio del dolor y de la calidad de vida.
Creo que cuando trabajas y practicas cada día esta profesión es muy difícil no enamorarte de ella, no tenerle un gran amor y cariño, como también es muy difícil no pelearte y discutirte con ella porque no sabes más y no puedes dar más de ti. Y más con el paso de los años. Sabes que vas a dejarte la piel en esto. Cuando me voy por la noche a casa tras un día de trabajo, pienso en los casos no mejorados, en los dolores aliviados, en las personas que se han marchado de la consulta más contentas, sin una carga, sin un dolor, más dispuestas a seguir adelante y entonces, muchas veces miro mis manos, y pienso que es bueno y útil ser terapeuta manual y que es lo mejor que me ha ocurrido en este mundo. Y me da absolutamente igual lo que puedan pensar o decir de mí y de mi profesión médicos, fisioterapeutas, especialistas, legisladores, políticos, policías y vecinos del barrio. Me da igual incluso lo que se pueda pensar de este libro. No me cambiaría por nadie. Sólo los dolores de¡ alma quedan la mayoría de las veces en el tintero, puesto que no quieren irse incluso los propios.
( extraído del libro “ De Profesión, TERAPEUTA MANUAL “ escrito por Ramon Giménez Cuy y Editado por a.bis ).
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Excelencia en mi Profesión

Colega de España

¿Qué es la “excelencia”? El diccionario de la Real Academia Española, define este término como “Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo”.

Hoy día se utiliza mucho este término para referirse a la máxima calidad profesional en diferentes ámbitos. En este sentido, alcanzar la excelencia, o tenerla al menos como meta, parece ser una exigencia de todo buen profesional.

Como profesional de la Estética me he preguntado muchas veces qué es lo que hace que una persona que trabaja en nuestro sector sea considerada “excelente”.

Generalmente, identificamos profesionales excelentes con profesionales de reconocido prestigio, hombres y mujeres sobresalientes en nuestro sector por su calidad a la hora de trabajar, que tienen éxito y reconocimiento profesional o social. Sus nombres salen en las revistas especializadas, están presentes en eventos importantes, imparten cursos, escriben libros, dan conferencias, incluso pueden ser objeto de un reportaje televisivo. Suelen tener una clientela selecta que contribuye a aumentar su fama, frecuentemente internacional. Son profesionales con profundos conocimientos en su especialidad y que son tomados como referencia cuando se habla de innovación o de los últimos avances en una materia. En muchos casos crean escuela, imprimiendo su sello o estilo en todo aquello en lo que intervienen.

Siendo esto así, enseguida me surge la pregunta: ¿Son todos los profesionales de reconocido prestigio necesariamente “excelentes”? ¿En qué consiste o debería consistir la “excelencia” de un profesional de la Estética?.

A continuación apunto brevemente mi idea de “excelencia” en general y su aplicación al campo de la Estética, pensando especialmente en los masajistas profesionales.

Desde mi punto de vista la excelencia no debería identificarse únicamente con éxito o prestigio y tampoco con conocimientos en una materia. Antes bien, el éxito profesional es más bien el resultado o consecuencia de una actividad profesional eficaz y continuada, basada en un gran conocimiento específico, pero ninguna de las dos cosas son criterios suficientes para definir la excelencia. Tampoco deben ser los objetivos únicos o primordiales de un profesional que tenga como meta alcanzar dicha condición.

Sin lugar a dudas, es deseable que todo masajista tenga un alto nivel de conocimientos teóricos y prácticos, lo que seguramente le ayudará a obtener el reconocimiento de sus clientes y compañeros de profesión, pero esto sólo no basta para ser excelente.

La excelencia, es algo más amplio que engloba también las actitudes (la disposición y voluntad con las que afrontamos nuestro trabajo), y no sólo con las aptitudes (los conocimientos, destrezas o habilidades que se adquieren para llevarlo a cabo). La excelencia, es el resultado de un compromiso profundo y vital, con uno mismo y con los demás. Implica una actitud de mejora continuada para desempeñar honesta y competentemente la actividad diaria. Este compromiso supone la voluntad de superarse día a día no sólo profesionalmente, sino también personalmente.

La excelencia profesional no es posible sin una profunda implicación personal en aquello que buscamos o en los objetivos que pretendemos conseguir. El compromiso de mejora tiene un sentido que debemos encontrar en el fondo de nosotros mismos y que fundamenta el continuo esfuerzo de renovación y superación que exige llegar a ser excelente.

Si bien es cierto que saber cuáles son nuestras verdaderas aptitudes y actitudes es muy relevante a la hora de elegir cualquier profesión, esto es especialmente importante en las profesiones como la de masajista, en las que el receptor de nuestro trabajo es directamente un ser humano, en cuya salud y bienestar podemos influir. Ambas, actitudes y aptitudes son susceptibles de mejorar.

La siguiente pregunta es entonces ¿Qué actitudes y aptitudes son deseables en un masajista excelente? Una respuesta sólida supondría la definición concienzuda de un “modelo ideal”, un perfil profesional completo con implicaciones incluso éticas, lo que sería objeto de un amplio tratado y numerosos debates.

No creo ser la persona idónea para llevar a cabo tan ingente labor y por tanto me limitaré a manifestar mi opinión en algunos puntos que considero de especial relevancia y en los que no se insiste lo suficiente (tanto al hablar de excelencia, como a la hora de formar a un profesional de la estética en la actualidad)

Mi preocupación se centra fundamentalmente en las actitudes.

No voy a entrar a analizar las aptitudes necesarias para ser un buen profesional. Como ya he mencionado, las aptitudes están compuestas en su mayor parte por habilidades, destrezas, técnicas y demás conocimientos que se pueden perfeccionar, actualizar, desarrollar y potenciar. Es precisamente en el desarrollo y adquisición de estas destrezas y conocimientos en los que se centran fundamentalmente la mayoría de los programas de formación de las escuelas y centros profesionales actuales. Pero, ¿se trabaja igualmente sobre las actitudes? ¿Qué tiempo se dedica a su conocimiento, evaluación y desarrollo?

Quizás perfeccionar nuestras aptitudes es decisivo para obtener buenos resultados a corto plazo, pero a medio y largo plazo, las que van a resultar esenciales en nuestra relación con los demás y con nosotros mismos serán las actitudes. Ésta es al menos mi opinión, formada tras una dilatada experiencia profesional.

Creo que el control de las propias actitudes, el desarrollo de las positivas y la mejora de las negativas, debe ser objeto de una mayor atención.

¿De qué actitudes hablo? Resumo a continuación las que me parecen fundamentales para aspirar a lo que considero excelencia en mi profesión y que están íntimamente relacionadas con la revisión de ciertos valores.

Me centraré en las actitudes positivas:

Humildad:

El auténtico compromiso de mejora comienza por uno mismo, con el reconocimiento de las propias limitaciones y siendo conscientes de que no estamos en posesión de la verdad absoluta. La mejora personal y profesional, parte de la humildad y de la apertura a otros valores y opiniones distintos de los nuestros. Es importante “escuchar” activamente al otro, ser receptivos. Sólo así es posible eliminar prejuicios y prepararse para el cambio que toda mejora conlleva.

La humildad es una actitud necesaria para aprender de otros, revisar nuestros valores, aumentar nuestros conocimientos y promover la colaboración e intercambio de ideas y experiencias tan necesario en nuestra profesión. No somos entes aislados, todos nos necesitamos para mejorar.

Respeto:

Por nosotros mismos, por la dignidad de las personas que acuden a nosotros para mejorar su salud y su aspecto, por nuestra profesión.

Considero que en mi desempeño diario como masajista el respeto mutuo es, no sólo altamente deseable, sino imprescindible para una buena relación con nuestros clientes. Ser un buen masajista exige la consideración del otro como ser humano, con independencia de su posición social o económica, su raza, sexo, aspecto físico o creencias. Dicha consideración debe reflejarse, entre otras cosas, en un comportamiento deferente, honesto, cuidadoso y confidencial con las personas que requieren nuestros servicios.

Paciencia y perseverancia:

Todo cambio necesita tiempo, por lo que la paciencia y la perseverancia se convierten también en condiciones necesarias en el camino hacia la mejora.

Desde un punto de vista práctico, la paciencia nos servirá, por ejemplo, para esperar el tiempo necesario para ver los resultados de un tratamiento aplicado por nosotros y controlar su eficacia. Del mismo modo, la perseverancia nos ayudará a actuar, a ser constantes y a no rendirnos cuando sabemos que estamos es el camino correcto para conseguir un objetivo.

Responsabilidad:

Imprescindible en la toma de decisiones y en nuestra actuación diaria. Una actitud responsable hará que, por ejemplo, evaluemos seriamente un tratamiento antes de llevarlo a cabo y decidamos la conveniencia de su aplicación en una persona concreta, con independencia de modas, preferencias o intereses personales. La responsabilidad nos hace ser prudentes, prever las consecuencias de nuestras acciones y está relacionada con la ética en el ejercicio profesional.

Generosidad:

En el trato, en nuestra disposición , en nuestra actuación, intentando dar siempre lo mejor de nosotros mismos cuando realizamos nuestro trabajo, sin escatimar esfuerzo, tiempo o recursos para ejecutarlo de la mejor forma posible.

Entusiasmo:



El ánimo con el que se hacen las cosas influye en su resultado. Cuando un profesional trabaja con entusiasmo, su ilusión y alegría son contagiosas y genera efectos positivos en las personas que le rodean.

Desgraciadamente, existen personas que sólo ven en esta profesión una forma rentable de ganarse la vida. Formamos parte de un mundo competitivo, en el que el éxito profesional parece medirse en función de la riqueza material que se consigue trabajando. Se vive impacientemente, rápidamente, de forma práctica, intentando sacar el máximo beneficio y rentabilidad en todo aquello que hacemos, persiguiendo una excelencia a la que se despoja de un valor fundamental: su humanidad.

En resumen, a mi modo de ver, el mayor esfuerzo y tiempo se invierte en la formación técnica profesional, descuidando generalmente el trabajo y la reflexión sobre las actitudes necesarias para aspirar no sólo a un buen desempeño, sino a una auténtica excelencia.

Personalmente, yo he encontrado en el masaje una forma de contribuir a la salud y bienestar de otras personas y tengo un enorme respeto por esta profesión. Cuando una persona que acude a mi gabinete se tiende desnuda o semidesnuda en mi camilla de masaje, siento que es un tremendo acto de confianza. Yo intento cuidarla y merecerla a diario, poniendo toda mi ilusión, voluntad y cariño en el ejercicio de mi profesión.